Seis meses después del paso del huracán Melissa por el este de Cuba, más de dos millones de personas siguen afectadas y la recuperación avanza lentamente. Según la Federación Internacional de la Cruz Roja, el ciclón devastó cientos de miles de viviendas, dañó más de 700 centros de salud y dejó sin funcionamiento cerca de un centenar de estaciones de bombeo de agua.
Las provincias de Santiago de Cuba, Granma y Holguín continúan entre las más golpeadas, con comunidades sin acceso estable a electricidad, agua potable ni servicios básicos. La situación se agrava por una epidemia de enfermedades transmitidas por mosquitos y una severa crisis energética que afecta transporte, saneamiento y atención sanitaria.
Aunque un llamamiento de emergencia permitió asistir a unas 45.000 personas, sigue estando infrafinanciado. La Cruz Roja ha suministrado agua potable, apoyo psicosocial y ayuda básica, además de avanzar en soluciones energéticas y materiales para viviendas.
La organización hace un llamado urgente a la comunidad internacional para reforzar la asistencia y garantizar la continuidad de la recuperación.