Esta señal del cáncer de esófago podría estar pasando desapercibida entre los médicos
Publicado en 03/05/2026 15:05
Salud

Un nuevo estudio ha logrado la evidencia más clara de la relación entre una afección gastrointestinal crónica y el cáncer de esófago, lo que podría aumentar la detección temprana de este tipo de tumor.

Ante el aumento de casos de cáncer de esófago, unos científicos del Instituto Li Ka Shing para la Detección Temprana del Cáncer de la Universidad de Cambridge iniciaron una investigación para determinar el origen de este tumor. El objetivo, aumentar las posibilidades para la detección temprana de un cáncer que ocupa el puesto 11.º en el ranking de tumores más diagnosticados de 2022 a nivel mundial, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

Según el estudio, publicado en «Nature Medicine», los científicos han conseguido la evidencia más clara hasta la fecha de la relación entre los casos de adenocarcinoma de esófago, es decir, cáncer de esófago, y el esófago de Barrett. Este último es una complicación del reflujo gastroesofágico crónico, cuya acidez termina afectando y dañando al revestimiento del esófago.

El aumento de casos de este cáncer se ha convertido en una preocupación a nivel internacional, con cerca de 511.000 casos detectados a nivel internacional en 2022. En España, este tumor representa el 7,7% de la incidencia total de cáncer en hombres y un 3,6% en mujeres, según el informe «Las cifras del cáncer en España 2025», convirtiéndose en la decimoquinta causa de muerte en hombres y la vigesimocuarta en mujeres.

El cáncer de esófago suele estar asociado a la presencia de esófago de Barrett

El principal reto que presenta el adenocarcinoma de esófago es la dificultad de su detección en sus fases tempranas, lo que provoca que los diagnósticos lleguen en una etapa demasiado avanzada y limiten las posibilidades del paciente. Por ello, descubrir qué factores pueden dar señales de la presencia de este tumor es esencial para aumentar la tasa de supervivencia y mejorar la calidad de vida de los diagnosticados.

A lo largo de los años, el cáncer de esófago se ha ido asociando a la presencia del esófago de Barrett, el cual puede ser detectado durante una endoscopia debido a que genera una mancha de color rosa en las paredes de esta sección del aparato digestivo. Según un artículo publicado por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud en 2024, en España habría cerca de 2,5 millones de personas con esta afección, de los cuales solo 400.000 estaban diagnosticados.

Según las estimaciones de los especialistas en Oncología, entre 3 y 13 de cada 100 personas diagnosticadas con esófago de Barrett acabaran desarrollando un cáncer de esófago a lo largo de su vida. Sin embargo, solo la mitad de los pacientes con adenocarcinoma esofágico habría experimentado síntomas y signos detectables de la afección durante el momento de diagnóstico.

La investigación contó con la participación de 3100 sujetos

Ante este hecho, los investigadores del Instituto Li Ka Shing para la Detección Temprana del Cáncer quisieron encontrar una evidencia que permitiera establecer una relación de causalidad entre el cáncer y la afección. Una de las científicas, la profesora Rebecca Fitzgerald, afirmó que «las estrategias de detección y prevención pueden tener un impacto enorme en el número de personas que mueren de cáncer, pero si la relación entre las lesiones precancerosas y el cáncer no está demostrada o no es clara, los programas de detección corren el riesgo de causar más daño que beneficio».

Por ello, emplearon los datos clínicos y epidemiológicos de 3100 pacientes, de 25 centros médicos británicos, los cuales aceptaron someterse a una cirugía para extraer tumores o tejido dañado. Entre el material recogido, los científicos analizaron 710 muestras de secuenciación del genoma completo de los sujetos, lo que les ofreció un perfil genético completo de cada persona. Asimismo, también analizaron la secuenciación de exoma completo de 87 personas, con el objetivo de observar la evolución de los tumores y las diferencias genéticas de estos.

Los resultados demostraron la presencia de biomarcadores relacionados con la afección y de las proteínas TFF3 y REG4

De los sujetos que participaron, solo un 35% tenía diagnosticado el esófago de Barrett. Sin embargo, todos los tumores presentaron mutaciones en su ADN, «identidad» celular y características genómicas casi idénticas. Este resultado era independiente de si en el sujeto se había detectado o no la afección durante la endoscopia o las pruebas patológicas. La única diferencia detectada estaba relacionada con la etapa del cáncer. Aquellos que se encontraban en una fase más avanzada, el esófago de Barrett era prácticamente invisible.

Además, los resultados también demostraron la presencia de biomarcadores relacionados con la afección, así como de proteínas TFF3 y REG4 en todas las fases del adenocarcinoma esofágico. Este hecho podría ser determinante para la detección temprana de este tipo de tumores y de aquellos pacientes con mayor riesgo de desarrollarlo en el futuro.

Según la doctora Lianlian Wu, coautora del estudio, «lo que necesitamos ahora son pruebas más sensibles y mínimamente invasivas que identifiquen a las personas en riesgo basándose en marcadores moleculares, en lugar de depender únicamente de los cambios visibles que se encuentran durante la endoscopia», informa el medio «SciTechDaily».

Asimismo, la doctora Dani Skirrow, afirmó para «SciTechDaily», que sus resultados abrían las puertas «a futuras pruebas que busquen indicios moleculares de cambios precancerosos ocultos, lo que ayudará a las personas a comprender su riesgo de cáncer de esófago y a obtener el apoyo necesario para mantener la enfermedad a raya». Los principales síntomas de este tipo de tumor son la disfagia, dificultad para tragar tanto sólidos como líquidos; pérdida de peso, dolor torácico y ronquera, según la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer.

Textos y fotos: www.elmundoalinstante.com

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