Estas bacterias son capaces de producir el fármaco L-DOPA a partir de uno de los residuos plásticos que más producimos
Fue en 1990 cuando el filósofo Edgar Morin acuñó el término “policrisis” y nosotros, agradecidos a su ingenio, parece que hemos decidido no llevarle la contraria. En estos 36 años nos hemos esforzado en repasar los trazos de su neologismo, arando en el papel hasta volverla casi indeleble. Con “policrisis”, Morín se refería a la confluencia de múltiples crisis globales que caracterizan nuestra época (económicas, sanitarias, geopolíticas, ambientales…).No obstante, algunas personas dedican todos sus esfuerzos a resolver (o al menos suavizar) algunas de estas crisis y, de vez en cuando, se anuncian avances que, si bien no borran la infame palabra, desdibujan algunos de sus trazos.
Por desgracia, la esencia de una policrisis es que las soluciones para un problema pueden acrecentar otro de los que tratamos de resolver. El mundo contemporáneo es una madeja sumamente enredada y, si queremos deshacer esta situación, tendremos que tirar de varios hilos simultáneamente. Eso es lo que propone un equipo de científicos de la Universidad de Edimburgo. En su última investigación, la cual acaba de ser publicada en la revista Nature Sustainability, anuncian haber encontrado una forma de abordar el aumento de enfermedades neurodegenerativas a la vez que abordan el gran problema que tenemos con los residuos plásticos. En pocas palabras: han diseñado una bacteria capaz de transformar el plástico de las botellas en el principal tratamiento contra el párkinson.
Dos pájaros de un tiro
La idea es fácil de exponer, pero difícil de ejecutar. Por un lado, tenemos la crisis del plástico. Un material que ha traído incontables beneficios sanitarios (e incluso algunos ambientales), pero que también acarrea un desmedido problema de gestión de residuos. ¿Qué podemos hacer con las imperturbables montañas de plásticos que generamos? Por otro lado, tenemos una población cada vez más envejecida y, por lo tanto, un aumento de determinadas enfermedades neurodegenerativas (como el párkinson) para las que, aunque cada vez las entendemos mejor, no tenemos cura.
Lo que sí tenemos, no obstante, son tratamientos capaces de controlar los síntomas, como la famosa L-DOPA que, aunque pierde su efecto con el tiempo, mejora la vida de millones de personas cada año. Sin embargo, su producción es contaminante y depende de materiales no renovables, como el petróleo y el gas natural. Y aquí es donde entra en juego la propuesta de la Universidad de Edimburgo: ¿Y si pudiéramos aprovechar el plástico como materia prima a partir de la cual producir L-DOPA? En realidad, estamos desaprovechando una gran cantidad de carbono que se encuentra en algunos polímeros, como el tereftalato de polietileno que muchos conoceremos como PET y con el que se hacen las botellas de agua y la mayoría de los envases rígidos para alimentos. ¿Y si pudiéramos obtener el carbono necesario para producir L-DOPA del PET en lugar de utilizar combustibles?
Reciclaje con bacterias
Cada año producimos 50 toneladas de PET, por lo que dar con nuevas formas de reciclarlo es goloso, tanto para quien esté comprometido con esta policrisis que vivimos, como para las empresas que celebrarán sacar beneficio de residuos cuya gestión antes solo suponía un coste. Y, aunque la estrategia que propone este estudio todavía no es atractiva para la industria, puede que futuras investigaciones logren hacerla más eficiente y, así, escalarla de los laboratorios al mundo real.
El reciclaje que proponen consta de dos grandes pasos. El primero consiste en transformar químicamente el PET en ácido tereftálico. El segundo implica ingeniería genética porque han modificado bacterias E. coli (muy frecuentes en nuestro intestino) para que puedan convertir ese ácido tereftálico en L-DOPA a través de un proceso medioambientalmente más sostenible que los que suele utilizar la industria farmacéutica.
Optimismo, pero con cabeza
En la nota de prensa, la Dra. Susan Bodie declaró que: “Estas técnicas podrían ayudar a impulsar una revolución verde en la fabricación industrial en el Reino Unido y más allá”. Y. según ha indicado la profesora Charlotte Deane, directora ejecutiva de UKRI EPSRC (uno de los consejos de la principal agencia financiadora de la investigación en Reino Unido): «El equipo de la Universidad de Edimburgo ha demostrado cómo el carbono que de otro modo se perdería en vertederos o contaminación puede transformarse en productos de alto valor que mejoran vidas».
El optimismo se puede sentir, sobre todo, en las palabras del investigador principal del estudio, el profesor Stephen Wallace: «Esto parece solo el principio. Si podemos crear medicamentos para enfermedades neurológicas a partir de una botella de plástico desechada, es emocionante imaginar qué más podría lograr esta tecnología. Los residuos plásticos suelen considerarse un problema ambiental, pero también representan una vasta e inexplorada fuente de carbono. Al diseñar procesos biológicos capaces de transformar plástico en un medicamento esencial, demostramos cómo los materiales de desecho pueden reconvertirse en recursos valiosos que ayuden a la salud humana».
Esta investigación no ha dado con un nuevo tratamiento para el párkinson. La L-DOPA que producen sus bacterias tiene los mismos beneficios e inconvenientes que siempre. La clave no es que esa, sino el impacto medioambiental que puede tener esta nueva estrategia para sintetizar el fármaco.
Referencias:
Wallace, Stephen, et al. «Plastic Bottles Transformed into Parkinson’s Drug Using Bacteria.» Nature Sustainability, 16 Mar. 2026, doi:10.1038/s41893-026-01234-5
Textos y fotos: www.elmundoalinstante.com