Este sábado entra en vigor el Tratado de Alta Mar que protegerá las llamadas aguas extraterritoriales que no pertenecen a ningún país. Más de 80 países lo han ratificado.
Las aguas internacionales, situadas a más 200 millas marinas de la costa, compartidas por todos los países, son el mayor hábitat del planeta (suman dos tercios de los océanos).
El tratado, que se negoció durante dos décadas, establece un mecanismo jurídicamente vinculante que permite designar una red de áreas marinas protegidas, un paso esencial para alcanzar el objetivo mundial de proteger el 30 % de los océanos para 2030. En la actualidad, un 9,6 % de la superficie marina está protegida pero solo algo más del 1 % de la alta mar lo está, a pesar de su importancia para la salud del planeta y de los seres humanos, así como para la economía.
También refuerza los requisitos para las evaluaciones de impacto ambiental de las actividades marinas que puedan tener repercusiones ecológicas, como la pesca, el transporte marítimo, el tendido de cables y la extracción de recursos, y mejora la transparencia y fomenta la cooperación científica. También exige la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos.